Revista (Blog)

 
Abril 2010
30 de Abril de 2010
SIERRA DE LÚJAR
ESPACIOS NATURALES | Víctor Fernández  
 
Sierra de Lújar  


SIERRA DE LÚJAR
 ESPACIO NATURAL

  

La sierra de Lújar es uno de los espacios naturales más sobresalientes en la comarca de la Costa de Granada.

Situada entre la Costa y el valle del Guadalfeo y alcanzando los 1.836 metros de altitud, está cortada por profundos y empinados barrancos repartidos en todas las orientaciones geográficas y posee una vegetación que, aunque ha sido muy dañada en gran parte por incendios en los últimos treinta años, conserva retazos de las formaciones naturales originales.

Descripción
 

Morfológicamente, la Sierra de Lújar es a grandes rasgos un gran domo calizo labrado por numerosos y profundos barrancos por todas sus caras. Algunos de ellos son cortos y de fortísima pendiente, enriscados, con laderas de piedra suelta e inestable que hacen casi imposible su ascenso. Otros barrancos son más largos y remontan la sierra desde su base hasta la cercanía de la cima, como el de Las Víboras y el del Vicario por el Oeste y especialmente el de los Castillejos en la Cara Norte, que llega hasta el pié de la cima.

Empezando por la cara sur que mira hacia el mar encontramos el Barranco de la Entabicada, que comparte nombre con las minas allí existentes. Como casi todos los demás barrancos de las caras norte y este, alcanza la cuerda de la cumbre formando un circo rodeado de paredes calizas. Este barranco se continúa en la parte baja de la sierra uniéndose al barranco de Lagos y formando los característicos "tablones" formaciones de glacis (pie de monte, de escasa pendiente, que se encuentra cementado) endurecidos en forma de terrazas y atravesados por profundos arroyos que apenas si llevan agua salvo en épocas de fuertes lluvias pero mantienen una humedad edáfica que se ve reflejada en su espesa vegetación.


Barranco de las Víboras          Barranco de los Castillejos         Barranco de la Entabicada   
         

Hacia el Este, el siguiente es el Barranco de Lagos, encajado entre laderas de esparto y roquedos.

A continuación el barranco de Lújar o de las Carihuelas y los del Aljibe, del Almez y del Rincón, formando todos ellos la cabecera del barranco de Olías que recoge las aguas desde el collado que forma la Sª de Lújar con la Contraviesa para aportarlas a la rambla de Gualchos.

Con la misma dirección, pero orientado al norte, hacia el valle del Guadalfeo, parte del mismo collado el barranco del Alhayón, mucho más abierto que el resto, dejando al oeste Sierra de Lújar y al este la Contraviesa y siendo el único que mantiene un arroyo con agua durante todo el año, con la consecuencia de tener vegetación de ribera asociada.


Barranco de Lagos                   Valle del Guadalfeo                  Los Pelaos
        

Siguiendo el giro al contrario del reloj encontramos de nuevo planicies de esparto, cistáceas, aulagas y romero hasta llegar al Barranco de las Cuevas, y a continuación de este llegamos al más largo y profundo de los barrancos. El barranco de los Castillejos está labrado en los dos tercios inferiores de su recorrido entre paredes calizas, pedreras inestables de fuerte pendiente y en muchas zonas estrechado y encajonado entre riscos.

Su vegetación dominante es de matorrales en la estrecha parte baja, pinares con encinas y cornicabras en la zona media y encinas con arces granatenses, quejigos y espinos en la zona alta, que se abre en una cabecera amplia hasta la base de la cima, donde confluyen otros barrancos formando una planicie kárstica, "Los Pelaos", fomada por un lapiaz calizo donde medran el pino silvestre, el piornal y los herbazales de lastón.


A continuación y mirando al norte está el barranco del Olivo, con fortísima pendiente, y en cuya cabecera están los restos del poblado minero de San José, así como una de las zonas de vegetación arbustiva mejor conservada, un espeso rodal de madroño y durillo sobre un glacis con suelo profundo.


A continuación el barranco de La Negra, también de los más largos, donde a pesar de los incendios resisten rebrotando de los incendios pies aislados de madroño y durillo, y en su cabecera, por encima de las minas de Peñarroya, un amplio encinar con algunos quejigos que conserva un rico sotobosque de espinos y arces y donde crecen peonías y varias especies de orquídeas.


Uno de los más largos es el Barranco del Vicario o de los Hornos cuyos dos ramales alcanzan la zona de pinares de Pino silvestre de lo alto de la sierra.

Ya en término de Vélez de Benaudalla los barrancos del Algarrobo y de las Víboras, que miran hacia el Oeste, cubiertos de espeso matorral de coscoja y cistáceas, y encinar en la zona alta, alcanzando este último con su ramal del barranco del Guano la antigua zona minera del Llano de los Pozos


Barranco del Olivo                       Barranco de la Negra                Tajo Don Luis
        


Ubicación


En sentido amplio la Sierra de Lújar queda rodeada por el río Guadalfeo por el norte y el oeste, y sus matorrales dominan el paisaje por el sur y el oeste desde la cota de 600 metros de altitud, enmarcando en su conjunto unos 90 kilómetros cuadrados de superficie repartidos en los términos municipales de Órgiva, Vélez de Benaudalla, y Lújar.



Geología


La Sierra de Lújar forma parte de las Sierras Béticas Litorales, formando parte del cordón que recorre la costa desde Sª de Tejeda, Sª de Alhama, Sª de Almijara, Sª de Cázulas, Sª de Bodíjar y Guájaras, todas ellas calizas y dolomíticas, y continuando hacia el Este, después de Lújar, con la Contraviesa, formada por esquistos. El contacto entre ambas rocas puede observarse en la cabecera del barranco de Olías. Un estudio detallado de la geología de la Sierra de Lújar se puede ven en Geología de la Sierra de Lújar.



Hábitats


Encontramos en la Sierra de Lújar los Pisos Bioclimáticos Termomediterráneo en su zona inferior de orientación sur, Mesomediterráneo en la zona media, y el Supramediterráneo en las cotas altas.

Dentro de esos pisos y en función de los avatares históricos asociables esencialmente a la explotación del carbón y leñas, a la extracción de madera para la minería y los ingenios azucareros, y a los incendios forestales antiguos y recientes, encontramos diferentes formas de vegetación en buena medida resultado de procesos de degradación inherentes a la presión humana.


Pinar de los Pelaos                 Arce Barr. de los Castillejos    Barranco de los Castillejos
        


Formaciones arbóreas:


Pinar de P. sylvestris

En la parte más alta de la Sierra podemos observar formaciones vegetales del piso supramediterráneo. Entre otras están los pinares de Pinus sylvestris procedentes de repoblación y situados por encima de los 1.600 metros de altitud. Estos están distribuidos en varias manchas donde existe suelo profundo y se presentan en forma de pinar muy espeso con buen desarrollo arbóreo y en forma de retazos de pinos menos desarrollados por la fuerte influencia  de los vientos y la escasez de suelo en la zona más alta, Los Pelaos, aportando diversidad estructural a los ecosistemas típicamente mediterráneos originales. El pino silvestre se adapta bien en estas cotas superiores a los 1.600 m.s.n.m., compitiendo eficazmente con la encina, especialmente en áreas expuestas al fuerte viento y abundantes nevadas invernales. Son pinares densos, oscuros, que carecen de sotobosque  y en cuya orla exterior podemos encontrar espinos Crataegus monogyna, agracejos Berberis hispanica, lavanda Lavandula lanata  y herbáceas como Colchicum triphyllum y orquídeas .


Encinar

En las cabeceras de los barrancos de la cara sur y este, muy empinadas y de escaso suelo, encontramos encinas Quercus ilex en formación dispersa como especie arbórea dominante que ocupa canchales y los escasos lugares donde no aflora la roca caliza.

En cambio donde el suelo es más profundo, como las cabeceras de los barrancos de la cara norte y este, encontramos amplios encinares que en algunas zonas están salteados con quejigos Quercus faginea, arces Acer opalus subs. granatensis, madroños Arbutus unedo, durillos Viburnum tinus, espinos Crataegus monogyna escasas olivillas Phyllirea angustifolia, endrinos Prunus ramburii, madreselva Lonicera implexa, torvisco Daphne gnidium y un sustrato herbáceo con peonías Peonia coriacea, gamones Asphodelus albus y orquídeas.

En fondos de algunos barrancos aparecen formaciones de cornicabra Pistacia therebintus con escasos lentiscos Pistacia lentiscus, así como la rara Delphinium staphisagria

Podemos encontrar en zonas muy localizadas varios pequeños rodales de durillo Viburnum tinus y madroño Arbutus unedo que sorprenden por ser esta última una especie propia de suelos ácidos. Al parecer esto se debe al lavado de estos suelos por la fuerte pendiente y a que la base geológica es más dolomía que caliza, más pobre en calcio que ésta última. Acompañan a estos otras especies como cuchilleja Bupleurum gibraltarium y la jara pringosa Cistus ladanifer típica de suelos ácidos.

En la cara Oeste, hacia Vélez de Benaudalla, existen espesas manchas de chaparral (encinas rebrotadas de tocones a consecuencia de las talas, los incendios y el carboneo) que se alternan con matorral espeso de aulagas.


Pinar de pino carrasco

Repartidos por la cara norte de la sierra encontramos pinares de pino carrasco Pinus halepensis producto de repoblaciones recientes, aunque es de destacar que existen algunos pies de Pino carrasco que han sobrevivido a los incendios y tienen gran porte.


Aceral

En la cabecera de los Castillejos encontramos asimismo encinares mezclados con arces y espinos majuelos a la vez que restos de labores de carboneo de mediados del siglo pasado.

Salpicados por diferentes rincones poco accesibles de la sierra encontramos algunos rodales de arces de buen porte que nos indican la variedad de la vegetación potencial de esta sierra. Algo similar ocurre con la cornicabra.



Formaciones arbustivas:


Piornal

En la zona de la cumbre, por encima de los 1600 m.s.n.m., el piornal alterna con el pinar. El piornal está formado por matorrales almohadillados de forma semiesférica y aplastados contra el suelo y asociados a unas duras condiciones ambientales dominadas por los fuertes vientos, las frecuentes nevadas invernales y la sequía veraniega. Las especies predominantes son Echinospartium boissieri, Bupleurum spinosum, Vella spinosa, y Erinacea anthyllis.

Buena parte de esa zona está formada por lapiaz cárstico donde el suelo es pura roca fragmentada en cuyas grietas también arraigan espinos Crataegus monogyna y agracejos Berberis hispanica.


Aulagar

Grandes extensiones de esta sierra se ha quemado con frecuencia arrasando la vegetación arbórea y dando lugar al desarrollo de formaciones arbustivas de aulagas Ulex parviflorus, cistáceas Cistus salvifolius, C. albidus,  C. clusii, Halimium atriplicifolium, romero Rosmarinus officinalis, palmito Chamaerops humilis, y escasas retamas Retama sphaerocarpa........ Estos matorrales seriales que siguen a la degradación del encinar están alternados con algunas manchas de chaparral y encinar espeso en las cabeceras de los barrancos en especial en la zona de la Fuente del Plomo y cabecera de los Barrancos del Guano, de Hornos, del Vicario y La Negra.

Asimismo hay matorrales más abiertos repartidos por toda la franja del Piso Mesomediterráneo de la sierra formados por una larga serie de especies entre las cuales están el tomillo real Thymus longiflora, el tomillo limonero T. baeticus, el tomillo aceitunero Thymbra capitata, el almoradux o mejorana en lugares con suelos arenosos Thymus mastichyna, el crestagallo Phlomis purpurea, la bolina Genista umbelata, el jaguarzo Cistus monspeliensis, lavanda Lavandula multifida , Teucrium poleum, Thymelea hirsuta, y otras especies comunes.

En la zona de contacto con los suelos silíceos de la Contraviesa encontramos jara pringosa Cistus ladanifer.



Formaciones herbáceas:


Lastonar

Entre los piornos de la zona de cumbre encontramos una vegetación herbácea dominada por el lastón, Festuca scariosa.


Espartal

En las planicies inclinadas de la cara sur y norte con suelo muy rocoso encontramos fundamentalmente espartales de Stipa tenacissima con Aphillantes monspeliensis, y romeros R. officinalis.


Roquedos

En las paredes rocosas podemos encontrar Sarcocapnos eneaphylla y Athamanta vayredana.


Canchales

Las fuertes pendientes de las cabeceras de algunos barrancos, así como las escombreras de algunas minas han favorecido la formación de canchales de piedra suelta donde apenas se asientan especies vegetales arbustivas como algún arce, y espinos.


Cultivos abandonados

En la zona del barranco del Alhayón encontramos pastizales asociados al pastoreo y cultivos de almendros en su mayor parte abandonados y matorrales colonizadores con aulagas y romero y esparto.

Asimismo, en el barranco de Olías, que va a parar a la Rambla de Castell de Ferro, encontramos cultivos con olivos y alguna huerta donde el suelo profundo y la existencia de agua lo permite.


Vegetación de ribera

También por la cara Este, pero con orientación norte hacia el valle del Guadalfeo, el barranco del Alayón mantiene una vegetación singular asociada a suelos bien desarrollados y a la humedad permanente que aporta el arroyo, existiendo sauces Salix spp. y chopos Populus nigra así como abundantes zarzas Rubus ulmifolius y lianas como la clemátide Clematis cirrosa.


En los fondos de todos los barrancos que guardan más humedad edáfica y protección contra el viento encontramos espesuras de vegetación donde están presentes zarzas, adelfas, aulagas, clemátides, espárragos, cornicabras, etc.



Flora


La sierra de Lújar alberga dentro de sus variadas orientaciones la flora característica de suelos calizos de los pisos termo, meso y supramediterráneo con influencias béticas y norteafricanas.

Entre las muchas especies comunes destacan algunas como Cytisus malacitanus en rodales de las zonas orientadas al norte y sobre suelos profundos, madroño Arbutus unedo y durillo Viburnun tinus sobre laderas de suelos profundos y lavados, arces Acer opalus subs. granatensis, espinos Prunus ramburii, espinos majuelos Crataegus monogyna, y gillomo Ameliancher ovalis en las cabeceras de barrancos más sombríos de orientación norte, sobre suelos profundos, entre encinas y en laderas pedregosas.

Entre las plantas herbáceas destacan el tulipán, Tulipa silvestris ssp australis, el cólchico, Colchicum autumnale, y Colchicum triphyllum, el raro Cytinus ruber, la malva de las Alpujarras, Lavatera oblongifolia, en suelos profundos en encinares altos, Linaria verticilata subs. verticilata entre rocas, orquídeas como Cephalantera longiflora, Epipactis cardina, Epipactis tremolsii, Orchis languei, y Barlia robertiana en los encinares más frescos.

Entre los endemismos nevadenses destaca la presencia de Athamanta vayredana, y Centranthus nevadensis, en paredes y zonas muy rocosas.



Fauna


Entre la fauna podemos destacar la existencia de una importante población de cabra montés, y jabalí, y en menor densidad carnívoros como garduña, gineta, zorro, y gato montés.

Comadreja y tejón se reparten con escasez por las zonas bajas donde encuentran mayores recursos.

El conejo es escaso en la sierra tras el azote de las enfermedades víricas que sufre y está muy repartido en zonas favorables con matorral y pastizal de la zona más baja. La liebre es asimismo muy escasa pues prefiere cultivos y pastizales que escasean en esta sierra.

Las ardillas ocupan fundamentalmente zonas de pinar aunque se aventuran en otros hábitats. Entre la microfauna encontramos roedores como topillo mediterráneo, ratón de campo y lirón careto.

Entre los insectívoros existen el erizo común y erizo moruno, topo, musaraña común, y musarañita.

Murciélagos como el Grande de Herradura, el Pequeño de Herradura, y el murciélago Orejudo, que se refugian para criar, hibernar o descansar durante el día en las galerías de minas abandonadas.

Rapaces nidificantes  como azor, gavilán, águila real, águila perdicera, halcón peregrino, cernícalo, búho chico, búho real y mochuelo. En los roquedos encontramos roquero solitario, collalba negra, colirrojo tizón y acentor alpino.

En las zonas boscosas y matorrales, zorzal charlo, petirrojo, mirlo común, chochín, curruca capirotada, curruca rabilarga, curruca carrasqueña, curruca cabecinegra y mosquitero papialbo.

El cielo es surcado por los nidificantes avión roquero, vencejo real y golondrina daúrica. El arrendajo, chova piquirroja, urraca, paloma torcaz, paloma bravía, tórtola común, y pito real podemos encontrarlos en diferentes hábitats arbolados.

La perdiz roja, con densidades de población muy fluctuantes y sometida a fuerte presión por la caza con reclamo, se puede ver en toda la sierra.

Entre los paseriformes encontramos pinzón vulgar, verdecillo, verderón, pardillo, jilguero, carbonero común, carbonero garrapinos, herrerillo común, herrerillo capuchino, mito, reyezuelo listado, agateador, piquituerto, cogujada común, cogujada montesina, alondra, totovía, escribano montesino, escribano soteño, bisbita campestre, lavandera blanca, lavandera cascadeña, alcaudón común, alcaudón real, tarabilla, mosquitero común, abubilla, cuco, chotacabras pardo, abejaruco, collalba gris y collalba rubia, ruiseñor, ruiseñor bastardo,  papamoscas gris.

Entre las aves invernantes además de buena parte de las anteriores especies encontramos acentor común, acentor alpino, zorzal común, zorzal alirrojo en inviernos muy duros, aguilucho pálido, lúgano, bisbita común y bisbita campestre.


Ocasionalmente puede verse algún buitre en los Tajos de los Vados y excepcionalmente grandes grupos que han estado comiendo una carroña en la zona de cumbres, pero las colonias de cría más cercanas están en las sierras de Málaga y en el extremo norte de Granada, Sierra de Castril.

Entre los reptiles, la siempre inquietante víbora hocicuda, la culebra de collar, la culebra de escalera, las lagartijas colilarga y colirroja, el lagarto ocelado.

Entre los anfibios el sapo corredor, el sapo común y el sapillo pintojo.

Una lista de avifauna de la Sierra de Lújar puede verse en Listado Avifauna Sª de Lújar.



La minería


La sierra de Lújar ha sido desde tiempos históricos, y posiblemente desde la edad de los metales fuente de minerales que han sido explotados con los métodos disponibles en cada época. En los tiempos más recientes llegó a desarrollarse una minería industrial del plomo y la fluorita dando lugar a la excavación de decenas de kilómetros de galerías e incluso al transporte por cable hasta el poblado de Los Tablones de Órgiva donde se procesaba el mineral extraído. Cientos de galerías perforan la sierra y aunque la mayor parte cerradas o selladas, algunas abiertas son lugar de refugio e invernada de varias especies de murciélagos. Asimismo existen numerosos pozos verticales de ventilación de estas galerías, algunos de ellos a ras de suelo y sin ningún tipo de protección exterior.


Complejo minero


Accesos y Lugares a visitar


A la cima de la sierra de Lújar se puede acceder por carretera, aunque bacheada, desde el collado que separa el Barranco de Olías y Fregenite del Valle del Guadalfeo, accediendo por la carretera que sube desde Órgiva hacia el Haza del Lino.

A través de pistas se puede recorrer el tercio inferior del barranco de los Castillejos y subir al poblado minero y continuar hasta la Sepulturilla en la cabecera del barranco de Hornos. Esta pista sirvió en su día para el transporte de materiales a y desde las minas de plomo y fluorita, si bien durante algún tiempo se bajó el mineral mediante cangilones y cable hasta el poblado de Los Tablones de Órgiva.

En la parte inferior del barranco de los Castillejos, por su margen izquierda, se ha restaurado recientemente una vereda en su día usada por los mineros que con fuerte pendiente asciende hasta las cercanías del poblado minero de San José.

Desde la zona de Vélez de Benaudalla se puede acceder al Barranco de las Víboras llegando la pista, con cadena en su parte final, al Llano de los pozos, donde en su día hubo una pequeña fundición minera. Existen otros trazados de pistas de menor recorrido por la cara norte.

Desde la Sierra se puede gozar de unas vistas de la Alpujarra y la cara sur de Sierra Nevada espectaculares especialmente en invierno.
 

Lújar                                             Viga de Lanjarón                                  Órgiva
        

Amenazas


Quizá la principal amenaza que siempre pende sobre la sierra sean los incendios, que con cierta frecuencia se vienen sucediendo y causan gravísimo daño en la vegetación y por tanto en la fauna asociada. Algunas de las formas de vegetación presentes son matorrales pirófilos, que son favorecidos por los incendios.

Algunas intervenciones realizadas en la sierra de Lújar, especialmente los diques construidos con el teórico objetivo de evitar la erosión no han hecho sino alterar el aspecto salvaje de algunos barrancos puesto que la mayor parte de ellos han sido ubicados sobre lugares con suelo estable, cubierto de vegetación, y que no tenía ningún riesgo de erosión en absoluto. Otras intervenciones arropadas bajo el mismo concepto de "protección contra la erosión" se han hecho en lugares como la cabecera del barranco de la Negra y han consistido en "desbrozar el matorral" destruyendo un estrato arbustivo rico en especies. O sea en pocas palabras, un despropósito puesto que se ha gastado dinero para "conservación medioambiental" y lo que se ha hecho en realidad es todo lo contrario, un daño ambiental.

Otras amenazas como la continua proliferación de cortijos en las cercanías de la Sierra dentro del Término Municipal de Vélez Benaudalla son de orden menor porque se hacen en el anillo exterior de la Sierra, lo que no quita que pueda incrementar el riesgo de incendios y de vertidos.

La caza furtiva parece poco frecuente aunque tenemos constancia de su existencia.

Acerca de la caza de perdiz con reclamo entendemos que debiera existir mayor control de la misma, con respecto a los cupos permitidos por cazador y día,  puesto que su intensidad puntual puede llevar a que se realicen sueltas de perdiz, que podrían perfectamente evitarse.


Dique bar. de los Castillejos



Grado de protección y normativas


Actualmente la Sierra de Lújar no goza de ninguna protección específica, siendo en su totalidad coto de caza la mayor parte gestionado por las sociedades de cazadores locales y algunas zonas por los propietarios de las fincas.


Dada la importancia antropológica, florística y faunística que hemos intentado resaltar creemos que debiera ser objeto de una protección especial como podría ser la de Parque Natural, donde se puedan continuar los usos tradicionales....


Aunque Sierra de Lújar es un espacio natural en gran parte degradado y maltratado por la acción u omisión humana, posee rincones con un interés biótico fuera de toda duda. La existencia de endemismos botánicos propios, de una rica diversidad faunística y micológica debe hacer recapacitar a los gestores privados y las autoridades ambientales, sobre el uso y grado de protección que se merece la Sierra de Lújar. Hora es ya, de que retornemos parte de la riqueza que tan generosamente ha aportado al hombre, capital obtenido mediante el expolio realizado sobre y en las entrañas de sus altas montañas. A pesar de todas las calamidades sufridas esta sierra ha mostrado una capacidad de regeneración que bien merece la pena alentar y estimular. Este patrimonio biológico y cultural debe ser administrado para el disfrute de todos los ciudadanos incluidos los cazadores, propietarios de cultivos y de derechos mineros. Esto exige que sea la administración autonómica la que lidere la ineludible e inaplazable declaración de Sierra de Lújar como Espacio Natural Protegido.


¡SIERRA DE LÚJAR, PARQUE NATURAL YA!
 
 
 



1 de Abril de 2010
GEOLOGÍA DE LA SIERRA DE LÚJAR
GEOLOGÍA | Jose Antonio Díaz  
 
Sierra de Lújar   En este artículo describimos los aspectos geológicos de la Sierra de Lújar. Presentamos su situación dentro de la Cordillera Bética, identificacmos los materiales que la componen, la historia geológica que han sufrido estos y la estructura de la sierra. También se hace una introducción a la Hidrogeología, geomorfología y actividades mineras.
Ubicación dentro de la Cordillera Bética:

La Sierra de Lújar se encuentra enclavada en las Zonas Internas de la Cordillera Bética y por tanto pertenece al Sistema Penibético. Las Zonas Internas agrupan a los materiales que forman el núcleo de la cordillera y por tanto sus rocas son las que han padecido una mayor deformación y metamorfismo durante la formación de la cadena montañosa. Incluyen a las rocas visibles más antiguas en la Cordillera Bética.
 

 
Las Zonas Internas se encuentran divididas en varios Complejos, o conjuntos de rocas con características similares:

•    Complejo Nevado-Filábride (Sierra Nevada, Sierra de Baza y Sierra de los Filabres): Son rocas que han sufrido intensamente deformaciones y metamorfismo, durante la formación de la cadena montañosa.

•    Complejo Alpujárride (Sierras de Mecina, Lújar, Albuñuelas, Cázulas, Chaparral, Tejeda y Almijara): ocupa una posición intermedia dentro de las Zonas Internas. Sus rocas también han padecido importantes deformaciones y procesos metamórficos, si bien, de menor intensidad que las del Complejo Nevado-Filábride.

•    Complejo Maláguide (Sierra de Cogollos Vega): aflora escasamente en la provincia de Granada. Los materiales que lo componen muestran signos evidentes de deformación y metamorfismo, sin embargo, estos han sido de baja o muy baja intensidad.

Las rocas que componen la Sierra de Lújar están incluidas en el denominado Complejo Alpujárride. Este a su vez está formado por una serie de unidades, entre las que se encuentra la Unidad de Lújar-Gádor.
 



Las rocas de la Sierra de Lújar:

Como hemos comentado las unidades del Complejo Alpujárride han sufrido importantes procesos geológicos. Esto causa que existan dificultades a la hora de delimitar y definir las diferentes unidades que la componen, cuestión por la que existen, en la actualidad, divergencias entre diferentes investigadores. No obstante, si hay un acuerdo general sobre la sucesión típica de rocas que posee cualquier unidad alpujárride. Existen dos tramos o formaciones bien definidas:

 
Tramo inferior o “metapelítico”: formado por rocas silíceas, en las que destaca la foliación o esquistosidad, dándoles un aspecto pizarroso. Las rocas más abundantes son las filitas, esquistos y cuarcitas. Estos materiales son el producto de la transformación metamórfica (mediante el calor y la presión) de rocas sedimentarias, probablemente de medios fluviales: arenas, limos y gravas. Las filitas son las que afloran en mayor extensión y en las Alpujarras y Contraviesa, son conocidas popularmente como “launa” y han tenido y tienen una gran importancia en el aislamiento e impermeabilización de los techos de las construcciones tradicionales de la zona. Aunque no existen dataciones a partir de fósiles, por su posición dentro de la sucesión de rocas se les atribuye una edad Permo-Triásico inferior. Los esquistos y cuarcitas situadas por debajo de las filitas se les supone una edad mayor y por tanto de edad Paleozóica indefinida.

Tramo superior o “carbonatado”: formado por rocas ricas en carbonatos como la calcita y la dolomita. Las rocas más frecuentes son las calizas y dolomías más o menos marmorizadas (proceso por el que los carbonatos recristalizan, aumentando de tamaño y dando un aspecto granulado a la roca). Estas rocas fueron inicialmente sedimentos depositados en fondos marinos a escasa profundidad y por tanto no muy alejados de la línea de costa. A pesar de que la inmensa mayoría de rocas han perdido sus texturas y estructuras sedimentarias (por efecto de la recristalización interna), existen pequeños enclaves que han permitido la identificación de algunos fósiles (especialmente interesante e importante es la serie estratigráfica de la Sierra de la Joya, muy próxima a Sierra de Lújar, en la que se han descrito e identificado estructuras arrecifales). Por ello se ha podido determinar la edad del tramo o “paquete” carbonatado de las Unidades alpujárrides, que es: Triásico medio-superior (240 a 205 millones de años).
 
 
 
 
Breve historia de las deformaciones de las rocas de las Zonas Internas:

Los materiales que forman la Unidad de Lújar-Gádor, han sufrido una historia bastante compleja y que vamos a tratar de resumir:

•    Como no existen rocas más modernas que el Triásico superior (205 millones de años), se supone que desde esta época las rocas del Complejo Alpujárride han permanecido emergidas, o cuanto menos no ha recibido aporte sedimentario posterior. Estas rocas se asignan a la denominada Microplaca de Alborán o Placa mesomediterránea, por lo tanto se dice que estas rocas pertenecen al “Dominio de Alborán”. Esta placa tectónica se ubicaba entre la Placa Ibérica (Euroasiática más tarde, cuando se formaron los Pirineos y se soldó a Europa) y la Placa Africana. Podríamos imaginar que estas unidades alpujárrides formaron una serie de islas o pequeño continente en el “mediterráneo occidental” situado a medio camino de la Península Ibérica y África.

•    Se estima que, aproximadamente, al mismo tiempo que se terminaba de formar la Cordillera Pirenaica, durante el Oligoceno (hace unos 34 millones de años) comenzaba la colisión entre las Placas ibérica y mesomediterránea.  Los datos obtenidos de las rocas del Complejo Alpujárride, sobre la presión y temperatura sufridas, nos indican que estas rocas que estaban en superficie, sufrieron un “enterramiento” hasta unos 30-40 kilómetros de profundidad. Fue durante esta fase cuando, probablemente, se produjo una ¡duplicación!!! en el espesor de la Corteza Continental (evaluado aproximadamente en unos 70 km), en alguna región al Este del Dominio de Alborán. Esta duplicación fue producida por el apilamiento de los Complejos de las Zonas Internas, en un contexto de colisión continental . De esta forma el Complejo Nevado-Filábride se encontraría en la base de este apilamiento, el Complejo Alpujárride estaría en posición intermedia y el Complejo Maláguide cubriendo a este último. En este momento es cuando el metamorfismo alcanza su mayor intensidad, especialmente en cuanto a la presión se refiere.
 
•    En las rocas del Complejo Alpujárride ha quedado registrado el momento en que el metamorfismo baja de intensidad y por tanto permite establecer cuándo comienzan a ascender las rocas hasta ocupar la posición actual. Lo verdaderamente significativo es que el enfriamiento de las rocas no se produjo paulatinamente, sino que fue en un intervalo extraordinariamente corto de 21,2 a 20,4 millones de años (Mioceno inferior). La descompresión se inició un poco antes hace unos 25 millones de años (Oligoceno terminal) y la elevación fue extremadamente rápida y llevó a las rocas alpujárrides a la superficie terrestre, donde comenzaron a erosionarse entre los 21 y los 19 millones de años (Mioceno inferior). Todos los investigadores coinciden que es durante esta descompresión, cuando se formó la foliación o esquistosidad que es tan visible en las rocas del tramo metapelítico de las Unidades alpujárrides.

•    La característica más singular de las Zonas Internas es el despegue extensional que se produce entre los complejos y dentro de estos, en las unidades que los componen. La descompresión iniciada hace 25 millones de años (Oligoceno terminal) se prolongó hasta hace sólo 10 millones de años!!! (inicios del Mioceno superior). De esta forma se produjo un colapso (caída) gravitacional del apilamiento de los complejos y sus unidades. Se ha podido  precisar que el desplazamiento (Despegue extensional de los Filabres), hacia el Suroeste, del Complejo Alpujárride sobre el Nevado-Filábride, se produjo durante el Mioceno medio (hace 16,4 a 14,8 millones de años. Esto permitió la rápida exhumación y comienzo de la erosión del Complejo Nevado-Filábride a partir de los 9 a 11 Millones de años. Se especula que fue durante esta fase de despegue extensional cuando se formaron grandes pliegues (plurikilométricos) tumbados, en el seno del Complejo Alpujárride.

•    Finalmente se produce una acomodación de los complejos y unidades, que provoca la aparición de pliegues verticales de amplio radio y fallas normales de moderado y alto ángulo. La diferencia entre despegue extensional y fallas normales de bajo ángulo es función del desplazamiento que producen las mismas. Mientras en los despegues extensionales se establecen desplazamientos de, al menos, una decena de kilómetros, en las fallas normales de bajo ángulo el recorrido es inferior. No obstante,  no debe tomarse esta distancia como una referencia totalmente exacta.


Estructura de la Sierra de Lújar: Cortes Geológicos y esquemas:

Han sido innumerables las aportaciones tanto internacionales como de científicos nacionales desde el primer cuarto del siglo XX. Sin embargo no es hasta finales de los años 60, del mismo siglo, cuando F. Aldaya realiza una cartografía de detalle de las unidades alpujárrides y nevado-filábrides en el sector meridional y central de las Zonas Internas. Esta cartografía muestra una gran complejidad, especialmente en las unidades alpujárrides, estableciendo una gran cantidad de unidades que en esa época eran difícilmente correlacionables entre sí. Además, la teoría imperante era la de “Mantos de Corrimiento”. Esta teoría establecía que las distintas unidades montaban unas a otras, en régimen de compresión, siempre en dirección Norte-Noreste. La complejidad de la cartografía así como la idea de la compresión se manifiesta en el siguiente esquema de la disposición de los “Mantos de Corrimiento” elaborado por el mismo autor:
 
 
A mediados de los años 80, se produce un hecho crucial que supondría una revolución y cambio radical en la concepción de las deformaciones sufridas por los complejos de las Zonas Internas.  Fue de nuevo F. Aldaya el que identificó la primera estructura extensional, que en su momento se denominó: Falla de bajo ángulo o Accidente de Mecina. Esta falla forma parte de lo que actualmente se define como Despegue Extensional de los Filabres. Es el límite entre los Complejos Nevado-Filábride y Alpujárride.

Casi simultáneamente J. Campos y J.F. Simancas estudian la estructura interna de los “Mantos de Corrimiento” del Complejo Alpujárride, detectando los primeros pliegues tumbados plurikilométricos. Siguen manteniendo la nomenclatura de F. Aldaya para las unidades alpujárrides, pero ya incluyen el gran Despegue Extensional de los Filabres (Falla de Macina de la época). Pude observarse el deslazamiento hacia el Norte de los distintos mantos de las unidades alpujárrides.
 
 

A principio de los años 90, se identifican una gran cantidad de despegues extensionales y fallas normales de bajo ángulo. De esta manera muchos de los “Mantos de Corrimiento” originales pasan a ser unidades extensionales y por tanto de desplazamiento Sur-Suroeste. A principios del Siglo XXI, se establecen dentro del Complejo Alpujárride las denominadas Unidades Superiores, Intermedias y Superiores. Esta clasificación tiende a agrupar a las unidades alpujárrides en función de la sucesión de rocas y posición dentro del Complejo Alpujárride, reflejo de la intensidad de las deformaciones y metamorfismo sufridos. Así la Unidad alpujárride Lújar-Gádor queda definida como Unidad Inferior de todo el Complejo o “edificio” Alpujárride, ya que es la que contacta directamente con el Complejo Nevado-Filábride en el Despegue Extensional de los Filabres.

M. Orozco, en el año 2004 elabora un corte geológico de la transversal de la Sierra de Lújar, en la que combina todos estos elementos y detalla, también, como afectó a la Unidad de Lújar-Gádor, las fallas de bajo ángulo y pliegues de la fase de deformación más tardía (Pliegues de 2ª fase). Los materiales de La Contraviesa aparecen cabalgando hacia el Norte, conservando su carácter de “Manto de Corrimiento”. Esto no es compartido por otros investigadores, pues según ellos, las unidades alpujárrides presentes en La Contraviesa también son extensionales y por lo tanto se habrían desplazado hacia el Sur-Suroeste. En cualquier caso, no se pone en duda que la Unidad de Lújar-Gador pertenece a las Unidades inferiores del Complejo Alpujárride.
 

 

 
La Minería:

 
La Sierra de Lújar ha sido desde tiempos históricos, y posiblemente desde la edad de los metales fuente de minerales que han sido explotados con los métodos disponibles en cada época. En los tiempos más recientes llegó a desarrollarse una minería industrial del plomo y la fluorita dando lugar a la excavación de decenas de kilómetros de galerías e incluso al transporte por cable hasta el poblado de Los Tablones de Órgiva donde se procesaba el mineral extraído. Cientos de galerías perforan la sierra y aunque la mayor parte están cerradas o selladas, algunas permanencen abiertas y son lugar de refugio e invernada de varias especies de murciélagos. Asimismo existen numerosos pozos verticales de ventilación de estas galerías, algunos de ellos a ras de suelo y sin ningún tipo de protección exterior.

 
 
 
No se tiene constancia de cuándo se iniciaron las primeras explotaciones de menas metálicas en la Sierra de Lújar, si bien es posible especular con que las primeras explotaciones mineras debieron producirse durante la “Edad del Cobre”, hace al menos unos 4.000 años. No existe evidencia directa de este hecho, pero es evidente la presencia de pequeñas labores mineras, muy antiguas, en la Sierra de Lújar.  También existen numerosos yacimientos arqueológicos en los que se registran la presencia de escorias de fundición, cuyas edades van desde el Calcolítico (Edad del Cobre) hasta casi la actualidad. Son numerosos los pueblos asociados a estos restos: Íberos, Púnicos, Romanos, Árabes… Pero el verdadero empuje de la minería en la Sierra de Lújar no se produce hasta el siglo XVII. En 1.842 existen en la zona cuatro fundiciones, 59 minas de plomo y 5 de cobre. Es en esta época cuando la Sierra de Lújar se convierte en el mayor coto minero de España. Estas explotaciones se mantienen en funcionamiento hasta los años 80 del siglo XX.
 
 
 
 
 
 
En la Sierra de Lújar, la mineralización de plomo (galena, cerusita y anglesita) y fluorita se encuentra ligada a las calizas masivas y con intercalaciones de dolomías con estructura “franciscana” del Triásico de edad Ladiniense.  Está asociada a dos importantes horizontes dolomíticos, con una anchura de 3 Km y una extensión aproximada de 10 Km en dirección Noreste-Suroeste. El espesor varía entre 2 y 12 metros, con leyes del 1,85% de Plomo y 34% de Fluorita. La última actividad minera de la zona fue desarrollada por la Sociedad Minas de Órgiva, S.A. (MINORSA), constituida por S.M.M. de Peñarroya-España, S.A. y por Minas de Almagrera, S.A. La explotación seguía el método de cámaras y pilares. El mineral era transportado por cable aéreo al lavadero, situado en los Tablones de Órgiva, con una capacidad para 400 toneladas de mineral diarias. Con más de 100 Km de galerías y un desnivel total superior a los 500 metros, esta explotación es una de las más extensas de la minería del plomo en Europa.
 
 
 
 
       
                    GALENA                                        FLUORITA                                   CERUSITA                               ANGLESITA               


Las reservas de Flúor de Sierra de Lújar se estiman en 175.000 toneladas seguras y 2.100.000 de probables, calculándose que las reservas geológicas puedan alcanzar los 15.000.000 de toneladas.


Hidrogeología y geomorfología:

El tramo de rocas carbonatadas de la Sierra de Lújar constituyen un importante acuífero en el Sur de la Provincia de Granada. El acuífero posee una extensión de unos 100 km2, ocupada mayoritariamente por las calizas y dolomías del Triásico pertenecientes al Complejo Alpujárride. Los materiales de comportamiento impermeable corresponden a las formaciones metapelíticas (filitas, cuarcitas, esquistos).

Esta formación carbonatada tiene un espesor aproximado de 1.500 metros y conforma  un conjunto permeable por fisuración. Efectivamente las deformaciones sufridas por las rocas, durante la formación de la Codillera Bética, han ocasionado un gran fracturación, a veces microscópica, de las mismas. Esta circunstancia hace que el acuífero se descargue paulatinamente, en vez de hacerlo más bruscamente, como ocurre en el caso de los acuíferos kársticos. La principal recarga del acuífero procede de la infiltración directa de la precipitación, lo que representa unos 53 Hm3 anuales. También es importante la aportación al acuífero del río Guadalfeo, que entre Órgiva y su confluencia con el río Izbor, se comporta como “perdedor”, ya que transfiere al acuífero de Lújar unos 13 Hm3 por año. De esta forma los recursos del acuífero de Lújar se estiman en unos 66 Hm3 año.
 
 
 
Las principales descargas visibles, se localizan en el Oeste y Norte del acuífero. En el borde occidental, en cotas en torno a los 200 msnm, se localizan dos zonas de descargas importante, en Vélez de Benaudalla, con un caudal medio de unos 250 l/s y el área de Rules con unos 130 l/s visibles y una descarga oculta hacia el río Guadalfeo del orden de 300 l/s. En el conjunto se estima que la descarga en este sector rondaría los 1.000 l/s. El borde septentrional corresponde al contacto entre los materiales carbonatos de la Sierra de Lújar con los aluviones del río Guadalfeo. En este las descargas visibles, entre los 300 y 500 msnm, son mucho menores, como los nacimientos del Castillejo (25 l/s) y Raja-Tablones de Órgiva (< 10 l/s). Sin embargo debe tenerse en cuenta la descarga oculta hacia el Río Gudalfeo, a través de los aluviones, que se estima en unos 500 l/s.

Especialmente interesante es el manantial de La Colorá (cercano a los de Rules), por tratarse de una surgencia de aguas termales, con una temperatura de salida de entre 25 y 26º C, lo que supone unos 7º C, sobre la temperatura anual media del aire, en esta área. El termalismo de este manantial evidencia una cierta circulación en profundidad y un ascenso rápido, a favor de fracturas. Otras surgencias de mucha menos importancia se encuentran en el Este de la Sierra de Lújar.

Existen dos tipos básicos de aguas, las menos mineralizadas, son bicarbonatadas cálcicas y cálcico-magnésicas y por otro lado las mineralizadas, que son sulfatadas cálcicas (Manantial de la Colorá).

Este es un acuífero de gran interés, ya que carece en la actualidad de explotaciones significativas y representa una reserva estratégica en un sector de gran demanda de agua, como es la costa tropical granadina.

Desde el punto geomorfológico la Sierra de Lújar no presenta hitos destacables. Presenta una morfología de domo rocoso con un mayor desarrollo en la dirección Este-Oeste. Quizás el hecho más destacable sea el encajonamiento de la red de drenaje (barrancos muy escarpados) indican una rápida elevación, en tiempos muy recientes (desde el Mioceno superior ), de la sierra.

Los procesos kársticos son poco evidentes y las cuevas y galerías muy escasas en número y continuidad. Es en las cumbres donde pueden verse algunos de los efectos del modelado kárstico, como lapiaces, sumideros y escasas dolinas. Es evidente que los materiales carbonatados aún no han estado el suficiente tiempo sufriendo los procesos de disolución, para desarrollar un karst maduro, ya que la Sierra de Lújar, por pertenecer a las Unidades inferiores del Complejo Alpujárride, son las últimas que han quedado exhumadas y por tanto expuestas a la acción de los agentes meteorológicos.

Sin embargo existen dos peculiaridades geomorfológicas interesantes de destacar, como son los travertinos de Vélez de Benaudalla y los Tablones (nombre popular con el que se conocen a ciertos depósitos periglaciares cementados).

Los travertinos, son formaciones rocosas muy recientes (Pleistoceno) que se forman por la precipitación de carbonato cálcico, sobre vegetales y otras superficies rocosas preexistentes. Esto ocurre en las áreas de surgencias, manantiales y cabeceras de ríos. El agua cuando atraviesa el interior del acuífero fisurado carbonatado, disuelve parte de la roca y por lo tanto se enriquece en bicarbonatos y carbonatos cálcicos. Cuando sale al exterior las condiciones de temperatura y presión cambian bruscamente, así precipita parte de la carga mineral que había adquirido previamente el agua. Como en Vélez de Benaudalla existen múltiples surgencias y antiguas terrazas fluviales, se han formado sobre estas y la vegetación las rocas travertínicas, que vemos en la actualidad. Especialmente bellos son los travertinos situados en el talud de las antiguas terrazas fluviales. En estas áreas se formaron cascadas en las que las plantas rupícolas fueron “tapizadas” por una costra de carbonato cálcico, a veces tan fina, que es posible reconocer el tipo de planta. Incluso hoy día existen varias cascadas, en el que este fenómeno sigue desarrollándose.
 
 
 
 
 
Los tablones están constituidos por brechas cementadas que forman superficies de suave pendiente, casi horizontal, y que son la transición entre las fuertes pendientes de la Sierra de Lújar y las más suaves de los materiales silíceos (filitas y esquistos ). Casi siempre se encuentran en los bordes de la formación carbonatada de Sierra de Lújar. Aún no está perfectamente definido el origen de su formación. Sin embargo la más plausible parece indicar que son depósitos ocurridos en ambiente periglaciar, durante las épocas de deshielo. Ejemplos son: “Los Tablones de Órgiva”, “los Tablones de Motril”, “La pradera de Lagos”, etc…

 
 
 



27 de Abril de 2010
¿QUÉ SABEMOS DE TITÁN?
EDITORIAL | Jose Antonio Díaz  
 
¿QUÉ SABEMOS DE TITÁN?  
Nuestra compañera de aventuras y colaboradora en Granada Natural, Luisa M. Lara es Astrofísica y nos sorprende con un magnífico libro sobre uno de los satélites más interesantes del planeta Saturno: TITÁN.

TITÁN no sólo es el satélite más grande de Saturno, es el segundo más grande del sistema solar. Es la única luna conocida que posee una atmósfera densa, compuesta principalmente por Nitrógeno e ... hidrocarburos, como el metano, etano, acetileno.

 

Luisa M. Lara, 2010

 

Cuando se quiere hacer referencia a un lugar cuya descripción nos resulta difícil, se suele emplear la frase: “tiene una atmósfera especial”, y con ella queremos expresar todo aquello que de alguna forma nos ha conmovido, nos ha inquietado o nos despierta curiosidad… Así es Titán, un satélite con una atmósfera especial; todo lo que él esconde, desde su interior más profundo y desconocido hasta su capa atmosférica más externa, representa un entorno desconocido y muy atractivo. Desde su descubrimiento como satélite de Saturno a mitad del siglo XVII hasta nuestros días, la forma en que se ha ido mostrando a la comunidad científica ha sido casi siempre elusiva. Se intuyó su atmósfera en el año 1905, se descubrieron los gases que la componen y se nos negó la visión de su superficie aun estando allí con las misiones Voyager 1 y 2. A principios del siglo XXI, después de casi cuarenta años de avances tecnológicos y científicos, el escenario es otro, pero los actores son los mismos: Titán y una nave espacial (Cassini-Huygens). En esta obra descubriremos un satélite con un mundo químicamente muy activo y geológicamente intrigante, aunque ya empiece a permitirnos ver sus ríos, canales, cañones, montañas, lagos, costas y criovolcanes.
 
 
Luisa M. Lara, doctora en ciencias físicas por la Universidad de Granada, es científico titular del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía (Granada). Durante más de ocho años ha trabajado en instituciones internacionales como el Observatorio de París en Meudon, el Instituto Max-Planck para la investigación del Sistema Solar, en la Agencia Espacial Europea (ESA), en su sede de desarrollo tecnológico (ESTEC) en Holanda, y en el Observatorio Astronómico Nacional de Japón en Tokio. Actualmente, participa científica y técnicamente en las misiones espaciales Rosetta, Bepi Colombo y el telescopio espacial Herschel de la ESA, así como en la definición científico-técnica de dos misiones espaciales NASA-ESA al sistema de Saturno y al de Júpiter. En enero del 2007 fue elegida por el director científico de la ESA como miembro de su equipo consultor en el área Exploración Robótica y del Sistema Solar. Autora de múltiples artículos científicos en revistas internacionales, así como de artículos y conferencias de divulgación, es co-autora del libro Astrobiología: un puente entre el big bang y la vida.
 
A parte de toda esa tonelada de siglas y méritos profesionales, Luisa es colaboradora activa de Granada Natural, que junto con Txema Bacaicoa y Lucas Gutiérrez, son responsables de la sección de Paisajes. Aunque Luisa prefiere los espacios abiertos y los grandes paisajes, no desdeña encuadres más cerrados e incluso posee magníficas fotografías macro. En los siguientes enlaces podéis ver algunas de sus galerías fotográficas:
 

 

 
 
 



28 de Abril de 2010
VIVIMOS EN UN GEOPARQUE: Parque Natural Sierras Subbéticas
ACTIVIDADES | Jose Antonio Díaz  
 
VIVIMOS EN UN GEOPARQUE: Parque Natural Sierras Subbéticas  
Con motivo de la celebración de la Semana de los Geoparques Europeos 2010, se realizan una serie de actividades en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas, en el entorno de Priego de Córdoba, Rute y Cabra. Las actividades son gratuitas e incluyen charlas y rutas seleccionadas dentro del Parque Natural. Especialmente interesantes son las programadas el día 1 y 2 de Mayo.

 

Para los no familiarizados con la interpretación geológica del medio natural, esta es una excelente ocasión de adquirir los conceptos básicos y observar las relaciones de los seres vivos con el medio físico. 

 

En especial recomendamos las salidas del día 1 y 2 de Mayo:

SÁBADO 1 de Mayo:

   Ruta:

  • Geobotánica
  • Geomicológica

D. Baldomero Moreno Arroyo, Director conservador del Parque Natural de las Sierras Subbéticas.

 

DOMINGO 2 de Mayo:

   Ruta:

  • La herencia Triásica del Mar de Tethys

Dª Alicia Serna Barquero, Técnico del Geoparque
D. Baldomero Moreno Arroyo, Director conservador del Parque Natural de las Sierras Subbéticas.

PARA LAS SALIDAS DE CAMPO ES NECESARIA LA INSCRIPCIÓN.

Teléfonos de contacto e inscripción y demás detalles en el siguiente archivo PDF:

 

 

 
programageoparque_3.pdf
 
 
 



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